El cine tiene la inmensa virtud de funcionar como un refugio temporal contra el ruido de la cotidianidad. A veces el cuerpo y la mente simplemente exigen presionar pausa y entregarse a una narrativa visual que logre cobijarnos. Existe un catálogo de obras que fungen como un bálsamo emocional capaz de hacernos reír llorar y reflexionar en cuestión de un par de horas. En aleteo preparamos una curaduría de las películas para pasar un buen rato ordenadas como un viaje poético por todas las etapas de nuestra memoria.
La inocencia perdida y el descubrimiento personal
Todo maratón emocional debe comenzar por reconocer nuestras raíces. Viajar al pasado es sencillo cuando encendemos la pantalla y reproducimos la magia inagotable de Jurassic Park estrenada en 1993. Posteriormente la nostalgia de la infancia se apodera de nosotros al revivir los partidos intergalácticos de Space Jam de 1996. Sin embargo crecer implica enfrentar la intensidad de la adolescencia. Esa transición caótica se retrata a la perfección con la comedia pura de Súper cool del año 2007.
Más adelante el séptimo arte nos invita a encontrarnos a nosotros mismos mediante la música y la introspección. Las notas rebeldes de Sing Street en 2016 nos enseñan a alzar la voz mientras que la profundidad literaria de Las ventajas de ser invisible de 2012 nos recuerda el inmenso valor de sentirnos parte de algo. Estas obras configuran un mapa perfecto de nuestros propios recuerdos.
La comedia física y las lecciones familiares
La risa es el mecanismo de defensa más hermoso que poseemos. Aprender a reírnos de nosotros mismos es un arte fundamental y ninguna cinta lo expone mejor que Pequeña Miss Sunshine de 2006. En el terreno del humor irreverente la absurdidad de Zoolander del 2001 nos enseña cómo caminar y mirar con un estilo inconfundible. Mientras tanto la incorrección de Ted de 2012 nos permite abrazar las travesuras adultas sin culpa alguna.
Las relaciones humanas también requieren de manuales poco convencionales. Aprender a bailar y seducir resulta sumamente divertido al observar los tropiezos en Hitch especialista en seducción del 2005. Del mismo modo reflexionar sobre nuestras decisiones vitales es el mensaje central de ¡Sí señor! lanzada en el año 2008. Por su parte Loco y estúpido amor de 2011 desmenuza la complejidad de la familia mediante un guion brillante y giros verdaderamente memorables.
Los viajes de adrenalina y la fuerza de voluntad
Ciertas historias exigen subir las pulsaciones al máximo. Llegar a escena con irreverencia es la especialidad absoluta de Deadpool del 2016 mientras que Baby el aprendiz del crimen del 2017 nos inyecta pura adrenalina mediante un montaje sonoro milimétrico. Si buscamos peligros fantásticos la jungla implacable de Jumanji de 1995 y el viaje onírico de El gran pez de 2003 logran expandir los límites de nuestra imaginación.
Finalmente el alma necesita ejemplos de triunfo y fraternidad. Amigos intocables de 2011 es un poema sobre la empatía que trasciende las diferencias físicas. Esa misma fuerza motriz se palpa magistralmente en la legendaria Rocky IV de 1985. El ritmo de combate y la dirección de esta entrega logran emocionarnos hasta los huesos demostrando la grandeza inquebrantable del espíritu. Para cerrar el telón Antes de partir del 2007 y El descanso de 2006 logran conmover profundamente regalándonos una última lección de vida.
El proyector está listo y las opciones sobran para cambiar el rumbo de tu día. Te invitamos a leer más ensayos sobre dirección y cultura visual en la revista aleteo para seguir descubriendo el poder sanador de la pantalla grande. Cuéntanos qué obra elegirás esta misma noche para reconectar con tus emociones.





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