Autos, mota y rocanrol explora las posibilidades de crear un concierto visual y sonoro en la gran pantalla: una apuesta que se arriesga en nombre de la nostalgia y de la fuerza de revivir los silencios de un pasado que todavía grita.

Imagínate viajar a los 70s, al ritmo de la rebeldía, pero con el frenesí fresco y dinámico de nuestra época.

Con la dirección de José Manuel Cravioto y las actuaciones de Emiliano Zurita como Justino y Alejandro Speitzer como Eduardo, Autos, mota y rocanrol estrenó en cines el 11 de septiembre.

Sinopsis de Autos, Mota y Rocanrol

Lo que empezó como un sueño entre amigos de impulsar la escena automovilística en México con alguna que otra intervención musical, terminó convirtiéndose en el mítico Festival Rock y Ruedas de Avándaro, un hito en la historia del rock nacional, bautizado como el Woodstock mexicano.

En palabras del director José Manuel Cravioto:

Basada en hechos reales y algunos otros no. Avándaro es el final y el inicio de una época, tanto en el rock como en la manera de pensar y concebir nuestra cultura en México.

La película explora temas como la amistad, la fuerza revolucionaria de la juventud, la contracultura y la censura. Retoma un hito cultural que marcó a toda una generación en una época en la que los prejuicios estigmatizaron al festival, acusándolo de corromper a la juventud con supuestos excesos, degenere, satanismo e inmoralidad. Un tiempo en el que la música impulsaba una cultura libre y se convertía en la voz del empoderamiento.

Autos, mota y rocanrol es ideal para los que creen que viven en la época equivocada, para los cinéfilos exigentes y para cualquiera que se la quiera pasar bien en un concierto ambientado en los 70s, con el rush del descontrol.

Lo diferente de Autos, Mota y Rocanrol

Autos, mota y rocanrol resalta por su estética vintage: la cinta fue filmada en 16mm y Super 8, al tiempo que recupera material de archivo con el apoyo de la Filmoteca de la UNAM restaurado en 4K. Este arduo trabajo la convierte en un viaje estético auténtico, fuera de los artificios que buscan emular las texturas del celuloide.

Más que imitarlo, la película asume el riesgo de apostar por el realismo de la época, un desafío que, con sus propias limitantes, también exige un gran esfuerzo actoral, algo de lo que Emiliano Zurita es plenamente consciente al afirmar:

Como actor es saber que no solo estás intentando recrear la energía, las situaciones frenéticas que se vivieron en el festival junto con 15 otros actores. Hay mucha improvisación, pero lo estás haciendo de una manera en que también tienes que involucrar la cámara, y también al ser film de 16mm no tienes este error infinito, tienes que adueñarte de esos errores, volverlos parte de la escena.

Lo Destacable en la Película

La película reimagina una ambientación desenfrenada que cautiva a la audiencia por el dinamismo de los formatos que mezcla. Inserta el falso documental como un making of que constantemente rompe la cuarta pared, mirando al espectador e involucrándolo en la realización del evento.

Además, recurre a la cámara en mano para generar movimientos que se sienten como si se estuviera cargando la cámara al hombro, aludiendo a un cine hecho a mano y creando proximidad e intimidad.

Consciente del punto de vista desde el que se coloca, la película hace una sátira sobre el acto de ser filmados y sobre la creación de cine entre amigos por el simple gusto de crear. Esta idea se traspapela en la narración, generando un aire de complicidad que conecta al espectador con la excepcional dupla de amigos formada por Justino y Eduardo, que, en palabras del director, “no se veía en el cine mexicano desde Y tu mamá también”.

La película se vuelve entrañable por la presencia de un soundtrack que acompaña la travesía musical, enfatizando ritmo y rebeldía en busca de mayor libertad de ser y expresarse. Déjate envolver por esta música que nos recuerda, con toda su fuerza, que el poder está en nosotros.

Lo que Deja a Desear

La película podría afinar la sutileza de algunos chistes, ya que tiende a subrayar cada escena con un giro irónico que, en ocasiones, desemboca en un humor algo forzado.

Por otro lado, el personaje de Justino se dispersa sin una motivación clara durante parte del festival. Aunque esta falta de rumbo dialoga con el descontrol del evento, sus conflictos se sienten inconexos y generan cierto distanciamiento con el espectador, que no alcanza a empatizar por la escasa información sobre los problemas que intenta resolver.

Películas similares a Autos, Mota y Rocanrol

La película remite a la serie Nadie nos va a extrañar por su apuesta con la nostalgia y estética vintage en México, recuperando el espíritu de épocas pasadas y los elementos visuales que evocan un tiempo específico.

Al mismo tiempo, recuerda a Why Don’t We Play in Hell, de Sion Sono, por su enfoque experimental del falso documental: un estilo que no teme arriesgarse, mezclando realidad y ficción de manera caótica y provocadora.

Así, la película combina la melancolía de lo pasado con la audacia de lo contemporáneo, ofreciendo una experiencia cinematográfica única que dialoga tanto con la memoria como con la innovación formal.

Calificación: 8.5/10

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