Hay tardes lluviosas que parecen diseñadas para ir al cine solo. Caminar por los pasillos de la Cineteca y dejarse sorprender por la cartelera es uno de esos pequeños placeres que te reinician la semana. En una de esas búsquedas sin prisa me dejé guiar por el Tour de Cine Francés y terminé frente a la pantalla viendo The Great Arch (en francés: L’Inconnu de la Grande Arche, y en español: El Gran Arco o El arquitecto). Lo que encontré fue una sorpresa rotunda.
La cinta, estrenada en 2025 bajo la dirección de Stéphane Demoustier, cuenta con un elenco muy sólido encabezado por Claes Bang, Sidse Babett Knudsen, Xavier Dolan, Swann Arlaud y Michel Fau. Su calidad no pasó desapercibida en la temporada de galardones: compitió en la sección Un Certain Regard del prestigioso Festival de Cannes, obtuvo múltiples nominaciones a los premios César de la academia francesa y se llevó el reconocimiento al mejor guion en los premios Lumière.
De ser un don nadie a rozar la celebridad
La sinopsis nos traslada al año 1982. El entonces presidente François Mitterrand lanza un concurso internacional para construir una obra monumental en París: el Gran Arco de la Defensa. Para sorpresa del mundo entero, el ganador no es un despacho millonario de renombre, sino Johan Otto von Spreckelsen, un profesor danés completamente desconocido que apenas había construido unas cuantas cosas en su vida.
Es la historia viva de un don nadie que, de un momento a otro, se vuelve un don todo. Pasa de ser un extraño a una celebridad en su campo, pero lo más importante es que finalmente obtiene la plataforma perfecta para mostrar su inmenso talento. Sin embargo, su visión artística pronto choca de frente contra la realidad de la política y las trabas burocráticas del gobierno francés.
El precio real del perfeccionismo
Mientras la película avanza, es inevitable encontrar similitudes con otras mentes que fueron devoradas por su propio don. Al ver a Otto luchar por su visión, sientes esa misma entrega visceral que encontramos en películas como Hamnet o la locura creativa que rodeaba la figura de Mozart. Todos ellos comparten un mismo hilo conductor: son seres absolutamente obsesionados con sus trabajos y con sus piezas.
Esta obra está hecha para los obsesionados, los perfeccionistas y para todos los que dan su vida por sus proyectos. Nos habla constantemente de arquitectura, de materiales, de formas y de cimientos, pero en el fondo trata sobre los ideales y la pasión ciega. Y claro, sobre el dolor precisamente por no querer ceder en esos ideales.
Al final, El Gran Arco es una de esas películas que no pasa nada si no la ves, pero que pasa todo si la ves. Te sacude y te hace pensar en lo que estamos dispuestos a sacrificar por defender nuestra propia visión del mundo. Para la escala de aleteo, se lleva un muy merecido 9/10.





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